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La criatura de Frankenstein

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Publicación: calendar_month 26 de diciembre del 2025

Hay rostros que no se olvidan. Uno de ellos es el de Boris Karloff interpretando a la criatura a la que le da vida el doctor Victor Frankenstein en la extraordinaria película de James Whale.

Con el tiempo hemos convertido al personaje imaginado por Mary Wollstonecraft Shelley en un monstruo, y le hemos transferido el nombre su creador. El cine le ha dado muchas caras al personaje. Ha habido altos y chaparros, jorobados y atléticos, torpes y con cicatrices, con el rostro deforme y semicubierto, y otros como Jacob Elordi, que a pesar del maquillaje sigue siendo apuesto y seductor.

Ninguno como Boris Karloff, cuya versión del monstruo reencarnó en Largo, el mayordomo de la familia Adams, y en Frankenstein Junior, la espléndida sátira de Mel Brooks, en donde aparece bailoteando Puttin on the Ritz con frac y sombrero de copa al lado de Gene Wilder. Karloff no danzaba, pero se movía con la ternura de un niño que está aprendiendo a caminar en una escenografía expresionista en donde las sombras angulosas aumentan la ansiedad y el temor. Aunque interpretó a científicos orates, momias vengadoras, médicos disolutos y hasta le prestó su voz al Grinch, Karloff era un hombre divertido y amable que hizo de su rostro un icono permanente del terror gracias a su actuación y a la maestría de los maquillistas.
 

Conocemos bien dónde y cuándo surgió la novela Frankenstein o el moderno Prometeo. En 1816 Lord Byron rentó una villa en Suiza para pasar el verano en compañía de Claire Clairmont y su hermanastra, Mary Wollstonecraft, una jovencita de 18 años que llegó con Percy Shelley. Los acompañaba el doctor John William Polidori, el médico personal de Byron y, lo sabemos ahora, informante del editor John Murray, a quien escribía constantemente sobre los proyectos de su paciente. El frío y la lluvia los obligaron al encierro, y para pasar el tiempo se entretuvieron con juegos de salón, ensayos literarios y discusiones filosóficas.
 

Años más tarde Mary Wollstonecraft Shelley describió esas reuniones. "Muchas y muy largas fueron las conversaciones entre Lord Byron y Shelley, a las cuales yo asistía, pero permanecía callada", y agregó que "durante uno de estos encuentros se discutieron distintas doctrinas filosóficas, incluyendo algunas sobre la esencia de la vida, y sobre si existía la posibilidad de que llegara a ser descubierta la naturaleza del principio de los seres vivos...tal vez sería posible reanimar un cadáver; el galvanismo había mostrado que tales cosas eran posibles. Tal vez las partes componentes de una criatura podrían fabricarse, unirse y dotarse de calor vital". Ahí está la clave.

Educada con esmero por su padre William Godwin, un escritor atado a la memoria de su esposa, Mary Wollstonecraft creció leyendo los espléndidos alegatos que su madre había escrito a favor de los derechos de la mujer. En su casa se reunían políticos, pensadores y científicos como Humphry Davy, uno de los fundadores de la electroquímica. Gracias a los experimentos que Lucia y Luigi Galvani habían hecho décadas atrás mostrando que los impulsos eléctricos provocaban la contracción de las ancas de rana, muchos creían que el secreto de la vida residía en la electricidad. Algunos transformaron estos experimentos en espectáculos públicos en donde aplicaban corrientes eléctricas a cadáveres los que les temblaban los labios, párpados y manos para asombro de los asistentes.

Algunos sostienen que la novela marca el origen de la ciencia ficción, otros afirman que es una metáfora de la Revolución Francesa, y hay quienes creen que es una alegoría premonitoria sobre los riesgos de la investigación científica. Creo que hay otras maneras de acercarse al libro. Según una leyenda del siglo XVI, para proteger a la comunidad judía de los abusos del gobierno, el rabino de Praga creó al Golem, una figura antropomórfica de barro a la que animó escribiéndole el nombre de Dios en la frente. En cambio, la criatura que imaginó Mary Wollstonecraft Shelley se inscribe en la tradición laica del galvanismo, y cobra vida gracias a la electricidad, sin que intervengan hechizos, plegarias o encantamientos. Allí reside una de las claves de la novela. Sus páginas son, ni más ni menos, un reflejo del proceso irreversible de la interpretación secular de los fenómenos biológicos, que una extraordinaria escritora de apenas 18 años pudo describir en forma magistral.

 

FOTO: The face of the Frankenstein Monster in popular culture: Boris Karloff, unknown at the time, transformed by Jack P Pierce’s layers of cotton and collodion in Frankenstein (Universal 1931)

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