Nuestra prioridad es dar poder a la palabra, para tomar conciencia y generar acción desde el conocimiento.
Nuestra prioridad es dar poder a la palabra, para tomar conciencia y generar acción desde el conocimiento.
Este primer número de Obsidiana está dedicado a una de las grandes riquezas de México, la biodiversidad. Aquí residen alrededor del 7% de las especies animales y vegetales del planeta, somos un país megadiverso.
Desafortunadamente nos hace falta una visión de la trascendencia de este gran patrimonio natural, ya que tan solo el 20% es aprovechado adecuadamente.
Instituciones científicas, así como organizaciones ecologistas nacionales y extranjeras, nos alertan todos los días sobre la necesidad de armonizar el progreso económico, social e industrial, con la conservación del medio ambiente y la biodiversidad. No debemos ser oídos sordos ni permanecer como testigos inertes e impotentes ante la degradación, acelerada y voraz, del hogar de los casi 9 millones de especies vivas que, según la Enciclopedia de la Vida, habitan la Tierra, aunque hasta ahora solo se hayan descubierto 1.9 millones.
Como lo tenían claro nuestros antepasados, cuidar la fauna y la flora de las tierras, las aguas y el aire, es protegernos a nosotros mismos; hoy es una cuestión de supervivencia para los millones de organismos vivos que conformamos el ciclo de vida.
En esta ocasión, Obsidiana aborda aspectos trascendentes de un futuro posible a través del conocimiento de la biodiversidad. Los textos, con la opinión de expertos mundiales, son una invitación para que nos veamos reflejados e involucrados en esta dualidad como víctimas pero también como responsables del daño al planeta. Estas aportaciones nos obligan a reflexionar sobre el papel del conocimiento, basado en evidencias, desde donde podemos construir un futuro mejor para las generaciones venideras.
En entrevista, José Sarukhán nos advierte sobre la necesidad de revertir el daño que hemos causado a la diversidad biológica de México y el mundo. Además, la reconocida bióloga Julia Carabias identifica en un foco rojo al país, como uno de los más afectados con las consecuencias por el cambio climático, fenómeno que, según su visión, no recibe atención desde la trinchera del Estado mexicano.
De acuerdo con los reportes del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de las Naciones Unidas, cada año se extinguen más de 100 mil especies y se pierden mercados potenciales por más de mil millones de dólares, tan sólo por propiedades de plantas y animales que nunca entrarán al ciclo actual de la innovación para beneficiar al resto del mundo.
Rodolfo Dirzo, investigador emérito de la Universidad de Stanford, enaltece la gran riqueza natural de México, en tanto que la botánica Ivonne Olalde en co autoría con Jerónimo Reyes, investigador y empresario de la horticultura, ilustran alternativas para detonar nuevos mercados a través de las plantas nativas mexicanas.
Por su parte, Fabiola Sosa, experta en cambio climático de la Universidad Autónoma de México (UAM), nos comparte su perspectiva sobre el futuro de los humedales y cómo estos ayudan a prevenir desastres y crisis humanitarias, provocadas por fenómenos naturales como huracanes o tormentas tropicales.
Pensar a corto plazo e ignorar el medio ambiente puede ser fatal, como lo demuestran la pandemia y las inundaciones en varios estados de la república mexicana, a las que subyacen alteraciones importantes del equilibrio ecológico.
Jean-Joinville Vacher, exdirector del Institut de Recherche pour Development de Francia, nos comparte su perspectiva sobre la importancia de la diplomacia del conocimiento para emprender soluciones globales contra el cambio climático. Isabel González, coordinadora de la Agenda 2030 en la Cámara de Diputados, ofrece un panorama de cómo se abordan estos retos desde el Congreso de la Unión.
La Organización de las Naciones Unidas estableció una última fecha fatal para que los países de todo el mundo se sumen con acciones precisas y recursos económicos, como lo señalan Yudi Tibaduiza y Parsifal Islas, de la Cátedra de Diplomacia y Patrimonio de la Ciencia de la UNAM.
Por su parte, el jóven, pero extraordinario zoólogo, naturalista y escritor, Andrés Cota Hiriart, lanza una contundente advertencia sobre el peligroso camino a la extinción de muchas especies en México y el mundo, por ejemplo, el ajolote, más común en los billetes de 50 pesos que en su hábitat natural.
Brooke Bessesen, bióloga de la Universidad de Reading en el Reino Unido, nos ofrece un magnífico artículo sobre su trabajo y aportaciones en la defensa de especies como la Vaquita Marina en el Golfo de Baja California y la serpiente xanthos, en los mares de Costa Rica. En este número de Obsidiana incorporamos su perfil y la historia de su éxito, íntimamente ligado a la biodiversidad y al cuidado de la vida.
Para visibilizar la importancia de las relaciones entre las ciencias y las artes, también se incluye la destacada historia de la artista plástica Sandra Pani, así como parte de sus obras asociadas al universo de las plantas. Asimismo, dado que flora y fauna están conectadas de maneras inimaginables, incluso a miles de kilómetros de distancia, presentamos parte del trabajo animalístico del artista plástico chihuahuense Miguel Valverde. Como broche de oro, la contraportada está adornada por un poema del reconocido escritor Carlos Pellicer Cámara, ilustrado magníficamente por una fotografía de la colección 250 Retratos de la Literatura Mexicana, de Rogelio Cuellar.
La mayor lucha de la humanidad en el siglo XXI no es entre las naciones sino con nuestra conciencia, lo cual exige asumir mayor responsabilidad con la fragilidad de nuestro planeta. Los líderes globales y los tomadores de decisiones deben avanzar desde el conocimiento, analizar e identificar los patrones que permiten generar cambios positivos.
Como parte de esta tarea, el Consejo Editorial de Obsidiana desea ser una herramienta para generar un sistema emergente de cambio y transformación. Buscar, detectar y recapitular sobre lo que pasa, así como lo que sucederá con temas que los van a sorprender.
La meta es conocer más para adaptarse mejor a los cambios vertiginosos de la actualidad; no debemos olvidar que un comportamiento individual, un esfuerzo editorial particular como este, puede dar origen a una base de datos e información para intuir y afianzar nuestra participación en la democracia. Trabajemos juntos para crear no solo un futuro, sino un presente seguro y sostenible para nuestros hijos.
“El deber ser político está íntimamente ligado con el conocimiento sobre la naturaleza y la sociedad”.