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Julieta Fierro, la gran divulgadora mexicana

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Publicación: calendar_month 27 de agosto de 2023

Apenas me enteré que la gran Julieta Fierro había sido electa como miembro honorario de la American Academy of Arts and Science (Academia Estadounidense de Artes y Ciencias), comencé a buscarla.

Siempre contesta su correo electrónico y tiene mucha paciencia con quienes, como yo, desean entrevistarla y felicitarla, pero en estos días la llaman de todos lados, por lo que no tuve una respuesta inmediata.

 

Julieta es muy popular, la conocen y la quieren en cada rincón de México. No hay medio que se le escape: ha publicado 43 libros, 162 artículos sobre educación o divulgación, ha ofrecido 993 conferencias en todos los estados de la República Mexicana y en 41 países alrededor del mundo, además de memorables participaciones en programas de radio y televisión.

¿Te puedes imaginar que una de tus profesoras de astronomía salga a llamar al público en patines, con una campana y un velo largo, diciendo que es un cometa? En efecto, Julieta es el cometa más hermoso que ha cruzado los sueños de muchos jóvenes que han deseado acercarse a la ciencia. Su incansable labor como profesora, investigadora y divulgadora ha tocado las conciencias de miles a lo largo de cinco décadas.

Tuve mi muy afortunado primer encuentro con ella durante mis visitas al Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1989. Era muy muy notorio cuando Julieta andaba cerca, pues se movía por los pasillos con paso ágil, una falda larga, el cabello suelto (que le cubría hasta la parte media de la espalda), y desparramaba sonrisas al pasar. Un día me encontró de frente, hasta entonces no habíamos cruzado más allá de los saludos.

 

—Oye, ¿quieres ir a Radio Rin, hoy por la noche? Tengo otro compromiso y no voy a poder ir.

 

Titubeando dije que sí. Radio Rin era una estación para niños de la SEP (Secretaría de Educación Pública).

 

—Alístate, van a hablar de los astronautas y las estrellas.  

 

A la semana siguiente, Julieta me volvió a ver para agradecerme y me dijo que lo había hecho muy bien. Más adelante fuimos juntos a la estación, para ofrecer una charla. El escenario era el patio de Radio Rin, donde había micrófonos con los cables más largos que jamás había visto. Esa noche, bajo el cielo contaminado e  iluminado por las luces de los edificios de la Ciudad de México, de las 6 mil estrellas que se pueden apreciar a simple vista, sólo pudimos identificar unas cinco; pero gracias a Julieta, imaginábamos ver hasta los cuásares (fuentes de radiación celeste muy intensa). 

 

Por primera vez disfruté de la magia de Julieta en acción, explicaba de un modo tan simple y claro que todo en la ciencia parecía sencillo. Me pasaba el micrófono y sólo me quedaba decir dos o tres oraciones para reafirmar sus extraordinarias palabras. Era poco por agregar ante mi estado atónito, maravillado y desbordado por el asombro y la emoción. Aquella experiencia fue simplemente inolvidable.

 

Después de semanas de buscarla, Julieta aceptó mi llamada el pasado 10 de mayo. Estaba emocionado pues no había tenido contacto telefónico con ella desde antes de la pandemia y esto fue lo que platicamos:

Julieta, felicitaciones por haber sido elegida como miembro de la American Academy of Arts and Sciences. ¿Cómo fuiste admitida? ¿Enviaste una solicitud?

No Omar, no tuve que hacer nada. Me mandaron una invitación muy amable, donde me preguntaban si aceptaba ser nominada como candidata a miembro de la Academia. Dijeron que si quería podía mandar información adicional para apoyar mi candidatura, pero que si no deseaba hacerlo, el proceso continuaría.

¿Qué sentiste?

Mucha emoción, mira que no lo esperaba. Pero lo que me parece más interesante, es que no conozco a la persona o personas que me nominaron. Eso me emociona porque quiere decir que hay quienes conocen y aprecian mi trabajo; sobre todo, en estos momentos tan inciertos para la ciencia en México. Este logro es muy importante para las mujeres; ya estuve viendo quiénes son los fundadores de la Academia en 1780: puros hombres, viejitos estirados.  

 

Hasta ahora 14 mexicanos habían sido electos miembros de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, entre los que figuran José Sarukhán Kermez y Marcos Moshinsky Borodiansky.

No los he contado, seré la número 15 entonces. Toda la formalización se hará en la Universidad de Harvard, en septiembre, habrá muchas ceremonias y eventos. Estoy muy contenta porque además estaré acompañada por mi hijo Agustín, quien es director de las Humanidades en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y también veré a mi nieto.

 

La Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, desde su fundación, reconoce el conocimiento y las artes, honrando la excelencia y el liderazgo de personas excepcionales. También busca desarrollar la educación como una forma de promover el bienestar de los ciudadanos.

 

Otro de los grandes premios internacionales que te otorgaron, en 1995, es el Premio Kalinga de la UNESCO, el mismo que ganó George Gamow. 

 

Ese premio lo recibí en la India; pregunté qué parte de mi trabajo era lo más relevante, pero la secretaria no me dio mayor información, sólo me dijo “usted ha hecho un trabajo muy importante en divulgación de la ciencia”. 

 

El Premio Kalinga lo han otorgado desde 1952; pero, hasta 1970 a una mujer, a Margaret Mead. Una mujer extraordinaria que hizo estudios antropológicos en Papúa-Nueva Guinea y Bali; también extraordinario fue su trabajo en divulgación científica. Poner mi nombre en la lista de ganadores junto a Margaret Mead me resultó muy inspirador.

 

 

El trabajo de Julieta no se limita a la divulgación de la ciencia, también colaboró para que el conocimiento científico se incluyera como un derecho humano en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.

 

Julieta visitará Loreto, Baja California Sur para 2024; será su primera vez participando en el programa Loreto, Puerto de la Ciencia. Mientras, el Instituto Politécnico Nacional se prepara para otorgarle este año un doctorado honoris causa. Será el cuarto que recibe de una institución pública de educación superior.

Muchos estamos agradecidos con Julieta por su mente tan brillante y creativa, por ser tan amable, por su hermosa sonrisa, por su paciencia, por tener siempre las palabras apropiadas que son como una caricia pero, sobre todo, por su gran generosidad. 

 

¡Que siga brillando Julieta! Si fuese posible, deberíamos nombrar una constelación en su honor para que nunca se aparte del cielo.

 


Julieta es el cometa más hermoso que ha cruzado los sueños de todos los jóvenes que han deseado acercarse a la ciencia.
 

En abril de este año, Julieta fue electa como miembro de la American Academy of Arts and Science (Academia Estadounidense de Artes y Ciencias).

 

Julieta Fierro  

No es raro verla en patines, o en zapatillas de ballet y tutú, usando una máscara o un sombrero llamativo en sus charlas y conferencias; Julieta Fierro Gossman utiliza todo tipo de objetos, hace que el público participe y se involucre para que la experiencia sea significativa y difícil de olvidar. Esa forma particular de enseñar la desarrolló al convivir con su hermano Miguel, quien tenía síndrome de Down, Julieta quería que él aprendiera de todo, por lo que siempre buscaba formas sencillas de explicar las cosas.

 

Desde niña, Julieta era muy buena en matemáticas, le fascinaban, siempre sacaba cero en francés, pero 10 en matemáticas. Así es que sabía que su camino sería en el mundo de la ciencia. Años después accedió a la carrera de física, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y concluyó con excelentes calificaciones.

 

Más adelante estudió una maestría en astrofísica; se especializó en materia interestelar y el sistema solar, y se convirtió en una gran astrónoma. Julieta es investigadora titular del Instituto de Astronomía de la UNAM y profesora de la facultad de ciencias. De 2000 a 2004 fue Directora de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM.

 

Ahora se dedica exclusivamente a divulgar la ciencia, porque le apasiona socializar el conocimiento científico para lograr que otras personas lo aprecien o al menos no le tengan miedo. 

 

Le han otorgado múltiples reconocimientos nacionales e internacionales, como el Premio a la divulgación de la Academia Mundial de Ciencias, el Premio Nacional de Divulgación de la Ciencia “Alejandra Jáidar”, y la Medalla al mérito en ciencias 2021 Ing. Mario Molina.

 

Recientemente, le dieron su nombre a una especie de luciérnaga recién descubierta en México: Pyropyga julietafierroae. Ah, y también le han hecho este año un mural de más de 12 metros de altura. Se titula “Rebeldía, ciencia y felicidad”, y forma parte de 12 mega murales que integran el andador “Siemprevivas”.

 

Julieta afirma que aún se necesitan más mujeres en todas las áreas del conocimiento, en particular en la ciencia, porque las mujeres aportan cosas diferentes a los hombres; pues piensan y resuelven problemas de forma distinta.

 

 

Fuentes

Examinar sesgos en comunicación de la ciencia, pide Jenni Metcalfe
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La búsqueda del sentido de la ciencia

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