Estamos tan acostumbrados a los rápidos adelantos en celulares, autos, computadoras, electrodomésticos y demás aparatos usados en nuestra vida cotidiana, que ya no percibimos la importancia y el gran impacto que tienen la ciencia y la tecnología en el mundo actual.
Vivimos envueltos en un amplio abanico de aplicaciones tecnológicas que forman parte de nuestras vidas y, sin darnos cuenta, somos parte de la sociedad, de la economía basada en el conocimiento.
Niños y jóvenes asimilan esos cambios con la misma velocidad. Esto nos ha obligado a preguntarnos, una y otra vez, cómo se producen y funcionan tantos adelantos y, sobre todo, cómo se desarrolla el nuevo conocimiento científico que genera tantos beneficios sociales.
En un mundo cada vez más rápidamente conectado, las enfermedades tienen también la posibilidad de esparcirse rápidamente. Así la COVID-19 alcanzó el carácter de pandemia en unos meses y terminó paralizando a toda nuestra civilización por casi dos años. Ante tal escenario, que alcanzó millones de muertos a nivel global, con cerca de 800 mil en nuestro país, la humanidad usó sus mejores armas para combatirla: la ciencia y la tecnología.
Con una colaboración internacional y una rapidez nunca antes vista, médicos y científicos de todo el mundo lograron descifrar el genoma y la estructura del virus responsable en menos de un año y, además, crearon varias vacunas que permitieron inmunizar y salvar a millones de personas.
Conforme avanzaban los estudios, éstos se diseminaban a todos los expertos, pero también se comunicaban y se explicaban a toda la sociedad. Pudimos seguir casi en tiempo real los descubrimientos sobre la enfermedad y los avances sobre los posibles métodos para combatirla. Esta fue una proeza sin precedentes que hoy, a unas semanas de decretado el fin de la pandemia, celebramos de corazón. ¡Viva la ciencia y la comunicación oportuna de sus avances!
Pero todavía hay mucho trabajo por hacer porque muchas personas en el planeta desconocen los alcances y el poder de la ciencia. De ahí la importancia de divulgar el conocimiento y, en éste, el cuarto número de Obsidiana “Ciencia y sociedad”, queremos mostrarles cómo es que la ciencia es la herramienta más poderosa para entender nuestro mundo y resolver sus problemas.
Para este propósito, la comunicación del conocimiento es fundamental para acercar la ciencia a todos los sectores sociales. Su función más general es la de compartir conocimientos, descubrimientos y avances científicos con todos aquellos que no son especialistas, y transmitir la emoción por comprenderlos.
La divulgación científica se vale de todos los medios, ya sean tradicionales como periódicos, revistas, libros, y programas de radio y televisión, hasta los museos, planetarios, talleres recreativos, teatro, olimpiadas de matemáticas y programas de impulso al talento y los que han surgido recientemente como las nuevas tecnologías, ampliando sus alcances y haciéndola más accesible y variada.
Las plataformas de redes sociales con publicaciones, historias y reels; además de formatos como los podcast se han convertido en formas muy populares para divulgar la ciencia, principalmente para llegar a los sectores de población más jóvenes.
Como bien señalan y ponen de manifiesto nuestros autores expertos, Lourdes Patiño, José Manuel Posada, Ana Claudia Nepote, Arturo Homero González, Isabel Hubard, Eduardo Castañeda, Alejandro Frank y Miguel García, la divulgación científica cuenta con medios muy variados para transmitir sus mensajes y acercar la ciencia a la sociedad.
En un museo de ciencias o un planetario —de los cuales hay grandes opciones en México, como se puede observar en nuestra sección Fragmentos— los visitantes pueden acercarse a la astronomía, física, química, biología, geología, antropología, botánica y a muchas otras disciplinas de una forma interactiva, lúdica y muy diferente a la experiencia que se vive en un salón de clases.
Los talleres recreativos, que en la última década registraron un crecimiento nunca antes visto, y que han alcanzado un destacado nivel de profesionalización y agrupación, permiten experimentar con la ciencia y apropiarse del conocimiento de forma práctica.
Nuestras excepcionales entrevistadas en la sección Translúcido, las grandes Julieta Fierro, Jenni Metcalfe y Estrella Burgos, exponen que la ciencia es una parte fundamental del pasado, presente y futuro de nuestra especie y nuestro planeta.
También es posible mirar la ciencia a través del arte, como podrán comprobar a través de la obra de Silvana Andrade y Raúl González Pérez, extraordinarios fotógrafos científicos que nos llevan a indescriptibles mundos microscópicos.
No se pueden perder la historia de reivindicación del papel de la mujer en la ciencia y su divulgación, a través del reportaje de Daniela Tarhuni sobre mentorías STEAM (las siglas en inglés para Science, Technology, Engineering, Art and Mathematics) y el inspirador perfil de Alejandra Jáidar.
Y también incluimos la historia de la Noche de las Estrellas, el evento de divulgación científica más grande de México e Iberoamérica.
Por supuesto, existen muchos otros proyectos que abonan a la construcción de una cultura científica, o simplemente nos ayudan a descubrir el placer por el conocimiento: café científico, camiones de la ciencia, monólogos científicos de comedia, domingos en la ciencia, concursos de rap, veranos científicos, muestras de cine, documentales, series, cómics, blogs, concursos de robótica, juegos de mesa, campamentos astronómicos, conferencias y más. Estas páginas no son suficientes para hablar de todos ellos.
La comprensión de la ciencia y su funcionamiento nos permite entender mejor los avances tecnológicos, el medioambiente, la medicina, la alimentación, la energía y muchos otros aspectos que influyen en prácticamente todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Una cultura científica sólida es necesaria para tomar decisiones informadas y responsables.
La divulgación científica puede ser un gran canal para fomentar el interés en la ciencia, despertar la curiosidad, generar debate y permitir que nos convirtamos en una sociedad más informada, creativa e innovadora.
Esperamos que con este número de Obsidiana descubran la fascinante relación entre la ciencia y la sociedad y se animen a seguir explorando este maravilloso mundo.