La ciencia es la mirada alerta de la conservación de la biodiversidad. La ciencia observa, registra y evalúa todo aquello que de otra forma pasaría desapercibido.
La ciencia es la mirada alerta de la conservación de la biodiversidad. La ciencia observa, registra y evalúa todo aquello que de otra forma pasaría desapercibido. Los nuevos conocimientos obtenidos por la ciencia enriquecen nuestra mente y expanden nuestra imaginación. Sin embargo, la ciencia por sí misma no puede ser la promotora de un cambio en la sociedad. La experiencia debe primero inspirar a los corazones para poder entrar en acción.
Sentir la esencia de la vida, el aire en nuestros pulmones, el agua corriendo entre los dedos, y la caricia de un niño nos recuerda que confundimos lo que debería ser lo más valioso en el mundo. Una vez que abrimos nuestros ojos y nuestro corazón podemos reconocer, casi inmediatamente, que estamos en serios apuros porque nos damos cuenta de que, silenciosamente, hemos estado perdiendo, uno por uno, los regalos de la naturaleza.
Una vez que abrimos nuestros ojos y nuestro corazón, podemos reconocer, casi inmediatamente, que estamos en serios apuros.
Durante esta época enfrentamos una alarmante y peligrosa pérdida de biodiversidad, se dice que las poblaciones endémicas, aquellas que residen en localidades particulares, son las que están desapareciendo con las tasas más altas. Estas son las especies que hacen únicos a nuestra región y su entorno, y que además añaden riqueza y estabilidad a la trama de la vida. Irónicamente, son esas poblaciones endémicas amenazadas las que nos ofrecen mayor posibilidad para brindarles protección.
Como investigadora he tenido la oportunidad de estudiar dos especies endémicas en dos países latinoamericanos. Mi primera aproximación fue como corresponsal de periodismo; seguí la huella de la marsopa mexicana que ya está a punto de la extinción, la vaquita marina, cuyo nombre científico es Phocoena sinus. Esa investigación me llevó a escribir el libro Vaquita Marina: Ciencia, política y crimen en el golfo de California, publicado en México dentro de la colección Biblioteca Científica del Ciudadano de la editorial Grano de Sal.
Mi segunda aproximación fue como investigadora científica. Durante más de una década he realizado un intensivo trabajo de campo para estudiar a una de las serpientes marinas endémicas de Costa Rica. El nombre científico de esta serpiente es Hydrophis platurus xanthos, mientras que su nombre común es serpiente marina amarilla del Golfo Dulce, pero con frecuencia se le llama xanthos por ser un nombre más corto. Por ser animales muy especializados que ocupan muy pequeños territorios, únicos en el mundo, los países anfitriones de estas especies deben estar obligados a protegerlos.
La vaquita marina es un pequeño y gracioso cetáceo. Los adultos alcanzan un tamaño de metro y medio, por ello son los cetáceos más pequeños del mundo. Su hocico está delimitado por unos labios delgados y negros, además de tener unos ojos vivaces, y esto le da la apariencia de un juguete de peluche que cualquier niño o niña adoraría. Pero, la vaquita marina es más que un animalito tierno; al contrario, es un depredador altamente especializado dentro de un hábitat especial que comparte con otras especies. Habita un área geográfica muy pequeña, más pequeña que cualquier otro mamífero marino del que se tenga registro y, dado que es un animal tímido y escurridizo, la especie permaneció oculta, evadiendo a la ciencia hasta 1958. No fue hasta 1987 que logró ser caracterizada en su totalidad, cuando lamentablemente ya se encontraba en peligro de extinción.
Después de pasearse por el Alto Golfo de California por cerca de tres millones de años, actualmente la vaquita marina se encuentra al borde de la extinción. Su población ha sido y continúa siendo diezmada por las redes de los pescadores. En 1997 había cerca de 600 ejemplares de estas adorables marsopas con carita de panda. Hoy sólo quedan diez; en efecto, sólo DIEZ. Los reportes científicos nos han estado informando, por cerca de 30 años, sobre la caída de la población de vaquita marina. A pesar de los decretos de protección de la vaquita marina por parte del Gobierno Mexicano, y de los millones de pesos que se han invertido en soluciones a medias, no existe un esfuerzo real y coordinado para detener la pesca ilegal en el Alto Golfo de California. Ni siquiera en la Zona de Cero Tolerancia.
Si la ciencia es la mirada de la conservación de las especies y la experiencia humana es su corazón, entonces el gobierno debería ser las manos que mueven y ejecutan.
Estas son las herramientas que se necesitan para generar marcos legales y, por ende, leyes más efectivas, no simples castigos o multas. Casi siempre suponemos que los gobiernos actúan por su cuenta; pero, en los países democráticos, las instituciones públicas están dirigidas por los votantes; por lo tanto, la competencia o incompetencia de tales instituciones recae sobre nosotros, los ciudadanos. Sabiendo que la mayor amenaza para la vaquita marina son los chinchorros (redes de pesca), nuestra inacción se vuelve irresponsable e inaceptable. Necesitamos tomar las riendas y exigir a nuestros gobiernos políticas adecuadas para salvar a la vaquita marina de la extinción. El tiempo se nos está escapando y el único cetáceo endémico de México está a punto de desaparecer para siempre. Es posible que nuestros hijos y nuestros nietos nunca los vean vivos en el océano.
A diferencia de la vaquita marina, la xanthos no es un mamífero, sino un reptil; sin embargo, comparte algunas características con ella. Xanthos es pequeña y estéticamente atractiva, mide apenas unos 50 cm de largo. Por una rara coincidencia, también es endémica de la parte norte de una bahía de la costa del Pacífico. Confinada a la cuenca interior del Golfo Dulce en Costa Rica, esta serpiente color canario brillante no es única solo en su apariencia, sino también en su comportamiento.
Contrario a lo que hacen sus parientes cercanos de mar abierto, la xanthos caza de noche, tomado una postura sinusoidal que le sirve para contrarrestar el efecto del oleaje sobre su cuerpo. La mayoría de serpientes marinas pasan toda su vida en el mar y durante mis investigaciones mostramos que la xanthos vive exclusivamente en una pequeña zona de las aguas profundas ligeramente salobres. Por el momento, la población permanece estable, pero siendo endémica, su inhabilidad para migrar a otros territorios la hará presa de las actividades humanas. Esto podría llevar a que la xanthos se vea rápidamente amenazada.
La pesca comercial no pone en peligro a la xanthos pero, los agroquímicos, los desechos humanos y otros contaminantes de las poblaciones alrededor del Golfo Dulce están degradando su hábitat. Otra amenaza es el tráfico de lanchas y barcos que puede golpear a las serpientes cuando ascienden a la superficie a respirar.
La situación se puede agravar debido al cambio climático. Costa Rica ha impulsado al ecoturismo como una de sus principales actividades económicas, por lo que se espera que se proteja a esta serpiente marina endémica debido a que los efectos del impacto humano son muy rápidos y resultan devastadores. Para asegurar su supervivencia, es necesario actuar antes de que la especie se encuentre en grave peligro. Es más, desde una perspectiva ecológica, preservar el hábitat de la xanthos beneficiará naturalmente a otra fauna en su hábitat, sustentando varias especies a la vez.
La biodiversidad es como una enorme colcha formada con pequeños y grandes retazos, cada retazo es esencial. Esta colcha cubre a nuestro planeta, cada hebra está tejida por un poder más grande que el de los humanos.
Todas las personas que se pasan el día pegadas a sus teléfonos celulares pueden leer noticias que informan sobre la desaparición de tigres, elefantes y vaquitas marinas, pero sólo nosotros que trabajamos en espacios salvajes podemos ver los cambios de primera mano: menos abejas en nuestros jardines, menos peces en nuestras redes. ¿Qué pasará con nosotros si desaparece la trama de la naturaleza?, ¿si los pedazos que conforman nuestra colcha fundamental se pierden ante nuestros ojos?
En enero siempre nos tomamos un tiempo para reflexionar y plantearnos buenos propósitos, así que aprovecho el momento para plantear la siguiente pregunta: ¿Como individuos estamos obligados a cuidar los regalos de la naturaleza?
Yo creo que sí, y a pesar de los desafíos a los que se enfrenta nuestra sociedad y sus políticas, creo que somos capaces de hacerlo. El panorama que nos muestra la ciencia es aterrador, pero creo que aún estamos a tiempo para salvar a la vida en nuestro planeta. Usemos nuestras mentes apoyándonos en el conocimiento y que nuestros corazones se llenen de esperanza por nuestros hijos, para que podamos dirigir a nuestros gobiernos para que se vuelvan las manos aptas y fuertes de la conservación de las especies en 2023 y en los años venideros.
Traducción: Dr. Omar López-Cruz (INAOE) y Biól. Ana Loren Hernández Moreno (CONCyTEP).