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Mentorías: construir nuevos referentes femeninos

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Publicación: calendar_month 27 de agosto de 2023

Escuela Nacional de Estudios Superiores Unidad Morelia, UNAM En 2022, Kassandra Chan Itzincab cursaba el primer año en el Colegio de Bachilleres en Tizimín, Yucatán, la quinta ciudad más poblada del estado. Quería estudiar derecho, pero al participar en Mentorías STEAM, su futuro cambió por completo. Le gustaban las ciencias y siempre mostró habilidades en física, química y matemáticas, pero nunca se había planteado dedicarse a ello. Tras varias semanas en el programa y de la mano de su mentora, la Dra. María de Lourdes Hernández Rodríguez, experta en desarrollo regional, la joven se dio cuenta de que quería dedicarse a la ciencia… y que el camino para lograrlo requeriría de mucho trabajo.

La formación de Kassandra (Kass) y de miles de jóvenes es un reto diario. A pesar de vivir en la cabecera municipal, Kass realizaba trayectos de poco más de una hora para llegar al bachillerato y pensaba en las dificultades económicas que acarrearía a su familia continuar con sus estudios profesionales. Entonces, el objetivo de trabajo con su mentora fue centrarse en buscar becas para continuar su formación, y en esa búsqueda encontró las oportunidades que brinda el bachillerato de la Universidad Autónoma de Chapingo.

 

Así fue como decidió quemar las naves a sus 16 años: no sólo tomó la decisión de repetir el primer año de bachillerato, sino que tuvo la fortaleza de dejar todo su mundo conocido, incluida familia y amistades, para ingresar al bachillerato de Chapingo. En ese camino hubo muchas primeras veces, como viajar a Mérida, a 167 kilómetros de distancia, para presentar su examen de ingreso en el Centro Regional Universitario Península de Yucatán, una unidad de Chapingo en el estado.

 

Las dudas y miedos se hicieron presentes en el tiempo de espera de los resultados.

—¿Y si no me admiten?

—Pues vuelves a intentarlo…

María de Lourdes continuó alentándola en sus encuentros virtuales de cada semana. Más allá de los conocimientos y explicaciones sobre temáticas científicas, las mentorías le ayudaron a Kass a reforzar su autoestima, a tomar decisiones autónomas y ser consciente de que el proceso para convertirse en científica es largo y que debía trabajar en ello diariamente.

 

Dedicarse a la ciencia no siempre es un camino sencillo, más si es una mujer quien quiere hacerlo. A veces, las trayectorias académicas de las mujeres acaban siendo una compleja carrera de obstáculos. 

 

Hagamos memoria: las mujeres siempre se han desenvuelto en todos los campos del saber, pero históricamente se han invisibilizado sus aportes; muchas tuvieron que vivir a la sombra de sus contrapartes masculinas, relegadas por las élites científicas de diferentes épocas. 

 

¿La historia podría haberse escrito de manera diferente para Lise Meitner, Rosalind Franklin o Vera Rubin? ¿La respuesta de la industria química norteamericana hubiera sido la misma ante la investigación sobre el uso generalizado de pesticidas si la hubiera hecho un hombre y no Rachel Carson? ¿Si se hubiera reconocido el trabajo de las mujeres a lo largo de la historia, seguiríamos hablando de la brecha de género en la ciencia?

 

En febrero, con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia que, desde el 2015, visibiliza la importancia del acceso y participación plena de mujeres, jóvenes y niñas a la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación, leemos o escuchamos frases como ¡Sé lo que quieras ser! ¡Rompe el techo de cristal! ¡Nunca te limites! Pero ¿es suficiente con quererlo? ¿Qué pasa si hablamos de las desigualdades culturales y socioeconómicas que sufren niñas y jóvenes respecto al acceso a la educación y al conocimiento?

 

No sólo se trata de las oportunidades para asistir a la escuela, sino también la calidad de la educación que recibirán, los estudios que podrán seguir tanto por cuestiones socioeconómicas como por los estereotipos de género que aún permean socialmente y que, en última instancia, determinan las trayectorias de vida. Sabemos que la falta de inclusión de mujeres en carreras STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas, por sus siglas en inglés) es un problema mundial.

 

De acuerdo con datos de la UNESCO, alrededor de los 15 años las jóvenes pierden el impulso por estas carreras y sólo 30% de las mujeres elige estudiar una carrera de estas características. Es ahí cuando vemos que no es suficiente con decir ¡Sé lo que quieras ser!

 

Una experiencia basada en compartir

Desde hace varias décadas se han establecido en el país diversos programas de fomento a las vocaciones científicas que, sin distinción de género y al margen de la educación formal, brindan la experiencia de profundizar en diversos conocimientos científicos, conocer el trabajo que se realiza en universidades, institutos o centros de investigación o comprobar si las habilidades o intereses de quienes participan en estos programas son compatibles con las actividades de investigación; sin embargo, en años recientes han surgido programas con un enfoque centrado en brindar mentorías científicas, que han mostrado tener un fuerte impacto dentro de la formación estudiantil al construir nuevos referentes para las juventudes.

 

Y es que los referentes son fundamentales: muchas niñas y jóvenes mexicanas quizá se planteen ir al espacio gracias a Katya Echazarreta, ingeniera electrónica que en 2022 se convirtió en la primera mujer mexicana en viajar al espacio exterior, pero la propia Katya ha mencionado que ella no tenía un referente cercano en quien pudiera reflejarse. Es así que las personas mentoras comparten su experiencia y se convierten en una fuente de inspiración para quienes reciben las mentorías, de modo que puedan trazar las rutas para alcanzar sus objetivos.

 

La fuerza de la sororidad

Mentorías STEAM inició en 2021 como una experiencia en línea y gratuita que, durante tres meses, establece mentorías una a una en los campos STEAM para mujeres que viven, preferentemente, en el sureste mexicano. A nivel grupal desarrolla diversas dinámicas como círculos de mujeres y talleres sobre estos campos del conocimiento, pero también se reflexiona sobre cuestiones de género y las herramientas necesarias para que las jóvenes se preparen para los estudios superiores. El programa busca formar redes de apoyo entre mujeres al propiciar un intercambio de experiencias en el que las jóvenes se sientan animadas, capaces y reconocidas para que puedan elegir su futuro sin condicionamientos, y al mismo tiempo, que las mentoras se nutran de las experiencias y perspectivas de vida de las jóvenes y de otras compañeras que se dedican a la ciencia.

 

A lo largo de tres ediciones han participado un total de 117 chicas de bachillerato y cerca de 80 mentoras. En términos cuantitativos quizá estas cifras no digan mucho, pero si consideramos que cada una de ellas ha tenido una experiencia en términos personales, educativos y de empoderamiento, el impacto es distinto. Las jóvenes adquieren la confianza y autoestima necesarias para hacer frente a las desigualdades que limitan su desarrollo, pero también generan estrategias que les permitan cambiar su posición.

 

La experiencia de Kass no concluyó con el viaje a Mérida. Tras ser admitida en Chapingo tomó por primera vez un avión, junto a su mamá, para llegar a la Ciudad de México gracias al compromiso e impulso de Lourdes y las demás mentoras del programa, quienes aportaron los recursos necesarios para costear todos los gastos que implicó el traslado. También cuenta con diferentes apoyos de manutención que le permiten dedicarse a sus estudios. Sus experiencias de aprendizaje se han entremezclado con las de vida: no daba crédito a la cantidad y variedad de flores de los jardines de Chapingo y la primera semana visitó la enfermería de la universidad pues comió frutas diferentes a las que se consumen en el sureste. Y enfocada en sus estudios, continúa adaptándose a su nueva vida.

 

Y así como la de Kassandra hay cerca de 200 experiencias totalmente distintas, unidas por el gusto de compartir el conocimiento, sostenido por la sororidad, entendida como una propuesta política que busca la alianza entre mujeres contra las desigualdades.

 

El principal reto de los programas de fomento o mentorías es el seguimiento. Pasarán varios años antes de saber en dónde se encuentran estas jóvenes y si realmente optaron por una carrera científica o tecnológica. Pero en última instancia, si pensamos en términos de cultura científica y apropiación social, lo más valioso de este tipo de experiencias es que, quienes transitan por ellas, aprecien el valor del conocimiento, que lo incorporen a sus prácticas cotidianas y que encuentren el enorme gozo y el disfrute que el pensamiento científico nos ofrece.

 

 

Referencias

 

Dedicarse a la ciencia no siempre es un camino sencillo, más si es una mujer quien quiere hacerlo.

 

La falta de inclusión de mujeres en carreras STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas, por sus siglas en inglés) es un problema mundial.

 

Lo más valioso de este tipo de experiencias es que, quienes transitan por ellas, aprecien el valor del conocimiento.

 

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